Ciri: La No Perdedora “Mittttsssggg “


Ciri: La No Perdedora
Mi Carlita…



Esa vez del viaje al Norte, yo de verdad no recuerdo si la tipa del bus me había tocado, pero obvio que iba a apoyar a Ciri aunque ella estuviera equivocada. 

Pero de todas maneras, muchas veces tuvimos problemas pues Ciri era muy celosa, se ponía celosa del atardecer que yo contemplaba o cuando me reía al leer el Principito… Ciri me lo decía entre broma pero yo sé que algo de verdad había allí…

Seis meses antes de eso de la mujer en el bus del norte, recorríamos el sur de ese país. Hicimos dedo y se detuv
— ¿Hacer dedos? -preguntó Francis, interrumpiéndola-.
— Sí, hacer dedo, eso que llaman ustedes auto stop -respondió Carla, abrazada a él en un jóstel de Buenos Aires-.
— ¡Ah! ¡Ok! -replicó Francis. Contarme más, le dijo en su mal español-.

Carla prosiguió:

— Se dice “cuéntame”, ja ja ja… Bueno, un camión prendió las luces de estacionamiento, se detuvo y agarramos nuestras mochilas, siempre con el temor de que al estar llegando, el camión se pusiera en marcha otra vez, ¡tamaña broma, weón! ¿Te imaginas? ¡Ja ja ja! Pero era un camión de dos acoplados, y que un camión así de grande haga eso es raro, aunque igual puede pasar... también a veces ocurre que el chofer o la conductora te empiece a agüjonear…
— ¿Agüjonear?
— Sí poh, agüjonear… -dijo Carla sonriéndole tiernamente. Siguió un corto silencio. Lo miró fijamente a la cara y comenzó a recorrerla con los dedos y largas uñas de su mano derecha, delicadamente. Continuó:- “agüjonear” es cuando un tipo o una mina intenta “conquistarte” -Carla apartó su desnudo pecho del de Francis e hizo el gesto de las comillas con sus dedos. Volvió a abrazarlo; antes de apegarse a él, besó su frente-.
— ¡Ah! ¡Ok!, dijo alegremente Francis. “Continúa, por favor”, expresó.
— Y aquella vez nos pasó eso de que el chofer se hizo el simpático, poh; y nos preguntaba cosas personales y de cuando en cuando deslizaba alguna insinuación: “así que solitas las dos, ¿ah?, este trabajo te aleja de ver mujeres lindas como ustedes durante semanas”
— Era un agujón -dijo Francis sonriendo-.
— Sí, ¡Ja ja ja! También nos decía “si no tienen dónde alojar esta noche, podemos dormir los tres en mi camión, apretaditos cabemos todos… yo les puedo ayudar con plata, si no tienen…”. Ciri siempre me decía que me sentara en el asiento junto a la puerta para que ella quedara entre la conductora o el chofer. Nosotras le respondíamos sonriendo que muchas gracias pero que todo estaba ok con las platas, que ya teníamos donde alojar y bla bla bla; él insistía y preguntaba si teníamos novio, que él estaba soltero y buscando amiguitas y bla bla bla, preguntaba cada vez más seguido hasta que en la fila en un peaje, Ciri le dijo que mejor nos dejara ahí nomás, el tipo se puso todo incómodo y preguntó porqué y Ciri le dijo que nosotras éramos pareja y que ya era muy incómodo seguir viajando con él… Yo me sentía segura con ella… pero Ciri no podía dormir cuando viajábamos -prosiguió Carla-. Veía eso como un problema y siempre lo conversaba al estar borracha, buscando alguna solución. Pero nunca decía que tampoco dormía cuando acampábamos al aire libre, no pasaba la noche tranquila.

Yo era muy cobarde y se debía hacer cargo de ambas. A mí me encantaba acampar pues así conocía lugares naturales y Ciri amaba estar lejos de las ciudades… caminábamos horas y horas y en las montañas o bosques, y luego ella hacía la comida mientras yo me bañaba en algún río o lago, comíamos y al rato nos metíamos juntas al agua y tras la puesta de sol cenábamos, luego fumabamos mariguana o bebíamos cervezas o vino, y al acostarnos yo estaba tan cansada que pocas veces quise hacer el amor…

— … -Francis la escuchaba en silencio, abrazandola. Carla siguió hablando-.
— Al principio lo hacíamos muy seguido y era genial. Pero a medida que pasó el tiempo ya no sentía tanta necesidad de que me hiciera suya.

Francis pegó su boca a la de Carla y la besó, aunque ella no respondió su beso. Él comprendió: apartó su rostro sin dejar de abrazarla y le pidió que le siguiera contando de su vida con Cirila. Carla sintió tranquilidad y alegría junto a Francis en aquella habitación de Argentina. Pensó que había escogido bien. Sonrió y continuó.

— Después de esas caminatas y de los chapuzones, como te decía yo quedaba muy cansada y no hacíamos el amor, pero ella me masturbaba y luego de un rico orgasmo me dormía profundamente… y al otro día despertaba con el olor del olor del fuego mientras escuchaba pasos sobre las piedras haciendo el desayuno. Me asomaba afuera de la carpa y no me gustaba su cara ojerosa por no haber dormida, cuidando de nosotras… me sentía un poco culpable pero ella me decía que no era culpa mía ni de ella, sólo que no podía dormir tranquila y no podía evitarlo… me decía que después dormiría durante el día, pero nunca dormía de día, o sea, cerraba sus ojos y dormía a ratos, pero nunca descansaba por cuidarnos de noche…



Leer pdf “¿Un Resentido Social?” versión móvil

Descargar GRATIS “¿Cachay a Cirilo Camasho?” completo versión imprimible
Cómo imprimir el PDF en modo libro
Comprar “Ciri: La No Perdedora” versión móvil
Comprar “Ciri: La No Perdedora” versión PDF
Comprar “Ciri: La No Perdedora” versión impresa

Leer pdf “¿Un Resentido Social?” versión móvil

Descargar GRATIS “¿Cachay a Cirilo Camasho?” completo versión imprimible
Cómo imprimir el PDF en modo libro
Comprar “Ciri: La No Perdedora” versión móvil
Comprar “Ciri: La No Perdedora” versión PDF
Comprar “Ciri: La No Perdedora” versión impresa