¿Cachay a Cirilo Camasho? “¿Un Resentido?”
¿Cachay a Cirilo Camasho?
¿Un Resentido?
En el ghetto, sobrevivir es una lucha diaria.
En esta pobla y en cualquier otro barrio marginal de Chile y del mundo.
Los ricachones dueños de las empresas en las cuales ganas el pan diario para tu familia, y que también te explotan; los cuicos, esos que son propietarios de los colegios y universidades que te moldean e indoctrinan a través de la educación, y que te otorgan el diploma para acceder a trabajos profesionales y ganar dos millones de pesos o más; los magnates de los medios de comunicación que te entretienen e informan, desinforman y manipulan y quienes crean las leyes que te protegen y dominan, para toda esa gente esto es un juego, la delincuencia, la marginalidad y la pobreza son un divertimento para ellos: en sus cenas de negocios se ríen de “las niñas prostitutas” y de los adictos a la pasta base. Se burlan de ti todos aquellos que visten ropas que no podrías comprar con un año de tu miserable sueldo, y las señoras bien que usan cosméticos cuyo precio es igual a cuatro o veinte de tus salarios completos.
Famosos actores, actrices y animadoras “tiran la talla” en sus programas de radio y tv imitando la forma de hablar y moverse de los flaites, de los marginales; ven todo esto como si fuese una moda.
Esas gentes cuicas existen en un mundo de absoluta fantasía respecto a las poblas…
Un día, una mitad de él, un par de horas o tan sólo una sola bastaría para que conocieran el mundo real que se vive a poquísimos kilómetros de sus mansiones, empresas, canales de televisión y radioemisoras.
En el ghetto, la muerte está en cada esquina; te espera y te alcanza cuando vas a trabajar, a estudiar, a dejar a tu mina a su casa o caminando a comprar el pan al almacén de siempre.
Allí va la morte, disfrazada de policía militarizada que pasa en su ronda, se detienen frente a ti y a punta de subametralladora te obligan a subir a la radiopatrulla para realizar un control de identidad.
Eufóricos de droga te revisan buscando qué robarte.
Después te comenzarán a golpear. Les gusta la sangre y te torturan, así de simple: son la ley y nada puedes contra ellos.
Tal vez se les pase la mano -casi siempre se les pasa- y entonces entrarás a la lista de detenidos-desaparecidos en democracia: aunque no salen en la televisión, no les mencionan en las radios ni los periódicos muestran sus fotografías, ya suman cientos de miles en todo el país.
Una tarde cualquiera caminas por las calles de la pobla, y sientes que alguien te sigue.
Te acorta distancia, ya casi roza tu espalda y ahora te agarra para meterte a la fuerza en su barca: es Caronte transformado en bala loca.
Mientras lees el libro de moda, ves televisión o juegas con tu pequeña hija de tres años, un proyectil rompe el vidrio de la ventana y se mete en la muralla a dos metros de ti, destruye en mil pedazos el televisor, destroza el libro o revienta la cabeza de tu hija cuando la tienes en los brazos: sus sonrisas, su cerebro y su sangre bañan tu rostro, el cual refleja la muerte de tu Alma…
La bala loca que apagó tu eterna felicidad provino de los fierros de los narcos quienes, si no se están agarrando a tiros para defender sus territorios, vacían sus cartuchos únicamente por diversión.
Quizá es el plomo de un piño de flaites que se enfrenta con otra pandilla porque se miraron feo y eso significa una lucha mortal, y ahora el inerte cuerpo de tu pequeñita yace flácido en tus brazos llenos de espanto y culpa.
Tan sólo la guerra y las cárceles a las cuales caemos los pobres, son peores que estar metido en una pobla.
Si lamentablemente tu estrella dictaminó que vivas acá, tendrás que desarrollar habilidades extraordinarias para llegar a casa sano y salvo cada tarde o cada noche; una especie de sexto sentido que te haga intuir el trayecto de los pacos, o practicar artes marciales por si te toca pelear y andas pato, tener la astucia suficiente de hacerte de fierros precisamente para no andar pato, conseguir la protección –“la fianza”- de grupos de flaites o de criminales respetados, o mantener siempre una provisión de merca o dinero en efectivo para coimear a los pacos si es que te hacen un control de identidad… pero de nada sirve lo que sea que hagas si no tienes suerte.
No pasa tan sólo una semana sin que sepas de algún conocido que se hundió en el alcohol o la droga o fue apuñalado, o lo balearon y quedó inválido, o desapareció luego de que la policía lo metiera en la radiopatrulla…
Quizá te parezca mentira lo que digo, pero todo esto es absolutamente verdad; ni siquiera exagero.
Asumido el hecho de que te pueden matar en cualquier momento ya que creciste con esa certeza, que las drogas o el alcohol te pueden hundir si no tienes las cosas claras o que caerás en la cárcel si te abandona la fortuna, al ser consciente de todo aquello, no te queda más que un camino: salir del ghetto.
Y mientras descubres la manera de hacerlo, has de disfrutar la vida que te ha tocado, regocijarte en ella y tratar de entenderla y dominarla.
Aunque también podrías vivir enajenado disfrutando el instante presente sin cuestionarte nada: los asados y las cervezas los fines de semana, tu cumpleaños o el de tu pareja, amigo o prima y las fiestas patrias o de navidad y año nuevo, todas esas celebraciones te darán la felicidad que necesitas.
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