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El Desquicio Capítulo 5 En La Usach
Como te había dicho, mi universidad es una ciudad universitaria, y una de sus entradas principales tiene grabada EN EL PISO el escudo de la universidad, ¡en el piso! ¡el escudo!, y casi cubriendo la entrada.
En clase de Filosofía Medieval:
— Y toda la enorme importancia de la tradición, la podemos resumir en la siguiente pregunta: ¿quién de ustedes y ustedas -Gárate estaba empezando a imponer el lenguaje inclusivo- me puede nombrar la tradición más importante de nuestra amada universidad?
Yo levanté la mano pero Gárate miraba en derredor, ignorándome, y como nadie más levantó la mano me tuvo que ceder la palabra:
— Profesore, quería señalar que las tradiciones solamente son productivas cuando se basan en la realidad, por ejemplo la tradición de las vendimias o el el año nuevo en junio, como el Inti Raymi y el Wetripantu, pero si la tradición se sustenta en supersticiones, lo único que logra es un bloqueo al progreso mental… profesore, usted se refiere a la tradición de no pisar el gato de la entrada que está cruzando la Facultad de Humanidades.
— ¿Y qué sucede si uno pisa nuestro León?
— Según la tradición, si pisan el escudo se echan los ramos…
— ¿Y usted pisa nuestro Escudo, señore Lagas?
— No sé levitar.
— ¿Pero pisa nuestro Escudo?
— Está en el piso.
— ¿Pero lo pisa?
— Debo pisar el piso.
— ¿Pero pisa nuestro Escudo?
— Yo tengo puros azules y dos morados…
— ¿Pero pisa el Escudo de nuestra amada Universidad, señore Lagas?
— En estricto rigor, “me deslizo” sobre el gato, así que no cumplo la condición necesaria para echarme los ramos, porque no piso su escudo…
— ¿Y si usted es mejor que nosotres, por qué no pisa nuestro Escudo?
— Obvio que lo piso, si está en el piso, ES el piso…
— ¿Sólo eso?
— No entiendo la pregunta, profesore Gárate…
— Me mostraron un video de la fonda de Eléctrica, y salía usted completamente borracho abriendo una botella de pisco, empinándosela y tomándosela al seco, entera…
— Ese día me quería ir suavecito… de todas maneras, no entiendo a qué viene eso, estimade…
— Después me mostraron una secuencia de cuatro fotes de esa noche, y aparece usted de rodillas afirmado de una garrafa… vomitando nuestro Escudo. Y luego sale semidesnudo sobre nuestro León y en posiciones poco decorosas con la alcohólica que mendiga afuera del Planetario…
— ¡Eso es falso, profesore! Carmen terminó conmigo hace un mes…
— Espere, espere, después usted aparece durmiendo su borrachera al lado de su posa de vómito y de la garrafa vacía, y todo sobre nuestro Escudo…
— Dormir es una necesidad biológica… de todas maneras, estimade, insisto: el escudo ESTÁ en el piso…
— Bueno, ya veremos si es una superstición el que nadie de esta Universidad pise nuestro Escudo… por su propio bien ojála que sea una superstición, señore Lagas, porque yo creo que usted está equivocade… y se va a dar cuenta, se lo aseguro.
Yo le iba a preguntar por qué era seguro que me iba a dar cuenta pero la profesore culiade dio su cátedra por terminada veinte minutos antes de la hora, tomó sus cosas y se fue y sólo la volvería a ver dos meses más tarde, pues aquel día empezaban las vacaciones de verano. Fue cuando salí de tercero, el año pasado.
(Yo pensaba que solamente en el colegio y en el liceo los profes me habían tenido mala y por eso me ponían puros rojos y me llamaban el apoderado a cada rato (y por culpa de esos profes repetí sexto básico cuatro veces), ¡pero que te tengan mala en la universidad por pensar por ti misma y se desquiten en las pruebas y trabajos! ¡Naaa! Pura mierda, hermana…)
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Otra de las razones por la cual la mayoría de mis profesor@s me hacía pedazos en las pruebas, irónicamente, fue por haber hecho las cosas como se deben hacer:
Sucede que el ramo más, más brígido de mi carrera de Licenciatura en Filosofía -y en realidad de toda la Facultad de Humanidadeses “Lógica” (antes estaba “Latín”, pero lo
sacaron porque casi nadie lo pasaba).
Y resulta que en una prueba de Lógica sobre Silogismos, quien estas palabras escribe, SE SACÓ UN FAKIN SIETE… el siete anterior había sido en el 2003 y el anterior en 1992 y el anterior, en 1981… conchesumadre…
Lógica era el último ramo del viernes, de cuatro a cinco y media. Hasta el profesor se sacó una foto conmigo porque además esa clase en la que entregó MI SIETE y el resto de las pruebas, era su última cátedra ya que desde el lunes siguiente el profesor sería un jubilado más.
Y ese victorioso viernes invité a todo el puto curso a tomar a destajo (-$178.350 pesos para mí) y de los 24 que aceptaron ir conmigo al bar mandé raja curao pa’ la casa a trece y los demás nos fuimos a un carrete que se sacó una compañera.
¡Un siete en Lógica!… y todo gracias a la conversación que tuve con Sensei Pedreiros: él había estudiado Pedagogía en Matemáticas en Brasil, y sabía de lógica y silogismos y cuando le conté que Lógica era muy difícil en mi carrera, me dijo que yo iba a reprobar el ramo y que mejor me saliera de la Universidad.
Así que me encerré UN MES ENTERO a estudiar para esa prueba, y dejé de ir a meterme toda la tarde a la Academia y le quité la mitad de las horas a mis negocios y dejé de andar tomando en la calle -seguí tomando lo mismo, pero estudiando en mi casa-.
Y el viernes que entregaron MI SIETE me puse a tomar en el bar y me fui al carrete de la compañera, y me amanecí el sábado y me fui para mi casa y me puse a imprimir MIL COPIAS de mi prueba, obviamente tapé mi nombre.
Cuando el profesor se sacó la foto conmigo, le pedí que ambos sostuviéramos la prueba con una mano y que pusiéramos la otra en nuestros hombros, en señal de franca camaradería, y yo tenía una enorme, una gigantesca sonrisa de oreja a oreja.
Esa foto también la imprimí, MIL WEÁS, pero a todo color, y con las dos mil hojas en mi mochila y guantes desechables y brochas y una caja de vino blanco y un paquete de cigarros y un tarro con superpegamento, aquel sábado me fui a meter a la universidad.
Como la Universidad del Estado es una pequeña ciudad, todas las facultades están relativamente cercanas, onda las más alejadas están a veinte minutos caminando de una a la otra, pero en rodear la U completa te demoras como dos o tres horas.
YO RECORRÍ LA PUTA UNIVERSIDAD ENTERA PEGANDO EN TODAS LAS FACULTADES LAS DOS MIL FOTOCOPIAS DE MI PRUEBA Y DE MI FOTO CON EL PROFESOR, las pegué en todos lados, me metí por la ventana a la biblioteca y a los casinos y al gimnasio y al centro médico y a los baños de hombres y mujeres y pegué mi prueba y mi foto en el estadio y en los árboles y en Rectoría y en las entradas a todas las oficinas y salas y en algunas salas que tenían la puerta sin candado, las pegué al medio de la pizarra (esas las pegué con cinta adhesiva)… terminé mi estupidez a las diez de la noche.
El domingo en la mañana me fui a meter otra vez a la U, me pasé a mi sala por la ventana y pegué en toda la pared del fondo UNA GIGANTOGRAFÍA de mi prueba y de mi foto con el profesor.
— Mañana lunes voy a llegar tempranito a la U y me voy a sentar en el lugar del profesor, y voy a ver las caras del montón de amargad@s que me tienen mala cuando me vean sentado en el puesto del profe ¡Y después cuando vean mi gigantografía! ¡JA JA JA! Y mañana mismo le voy a pasar a Sensei Pedreiros mi foto y mi prueba enmarcada… YO SOY UN GANADOR… ¡Ja ja ja!… Yo Soy un ganador… síííí… sí, Ja ja ja, sí, ja ja… ja… -me dije mientras me quedaba dormido aquella noche de domingo, feliz y recagao de la risa-.
(continúa en el pdf)
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